El Origen de Nuestras Porras Institucionales

Por el C.P. Luis Camelo del Río

Breve semblanza del autor de esta historia.

La trascripción de este artículo firmado que me entregó en propia mano mi queridísimo amigo el C.P. Luis Camelo del Río el  15 de julio  de 1990 quien entre otras actividades  ha sido  Manager y Vicepresidente del primer Patronato del Football Americano que hubo en el IPN; Presidente de la Asociación  de Football Americano del D .F (1948), realizó  gestiones ante el Arzobispo primado de México Monseñor Luis María  Martínez, para que viniera a México como Coach del  fútbol americano del Politécnico el R.P. Lambert  J. Dehner. Implantó las reglas sobre elegibilidad de los jóvenes estudiantes de esta disciplina  deportiva; Cronista Oficial de la Fraternidad Guinda y Blanco, Cronista Oficial de  La Asociación  de Ex Alumnos de la Escuela Superior de Comercio y Administración, etc., etc., hasta se ha dado el lujo de ser Cronista invitado por la UNAM al carecer ellos de Cronista (desconozco si en fecha reciente ya lo tienen).

Tengo en mi poder alguna otra información que él amablemente, cuando en ocasiones nos llegamos a reunir, nos proporcionó sobre sus muchos comentarios, inclusive de cultura general.

Un comentario adicional antes de entrar en materia: tal vez  porque a quienes nos gusta la historia y conocer más que una simple referencia fría y muchas veces sin mucho sentido nos identificamos más con este tipo de narraciones pero hay para todos los gustos y lo que leerán a continuación me dará la razón de que cumple todas las expectativas. Aquí iniciamos esta maravillosa historia narrativa:

Historia

La noche del viernes 15 de octubre de 1937 ocurrió en esta Capital un hecho histórico deportivo que fue determinante  en la vida  del Instituto  Politécnico  Nacional. Esa noche se celebró en el desaparecido parque de football soccer del Real Club España, que se hallaba en el rincón noreste de lo que es hoy la Colonia Cuauhtémoc, en la esquina de la calzada Manuel Villalongín (llamada entonces Calzada de la Teja), y lo que es hoy el Circuito Interior Calzada de Melchor Ocampo (denominada entonces Calzada de la Verónica), el primer juego internacional en México de football americano, de nuestro equipo de categoría Mayor Politécnico, el que se enfrentó en esa ocasión memorable con el de la Escuela John Reagan de Houston, Texas, E.U.A., un equipo poderosísimo.

Ese juego  nocturno tuvo un impacto tremendo en la vida deportiva nacional de nuestro País. Aunque lamentablemente lo perdimos al son de 27 a 12, dando entonces los jóvenes estudiantes jugadores politécnicos una bizarra demostración tanto de bravura y enjundia como de técnica (nuestro Head Coach ya lo era el inolvidable Salvador “Sapo” Mendiolea), aquel encuentro constituyó un verdadero éxito Institucional en todos sentidos.
 
Fue la primera vez que nos visitó un equipo norteamericano trayendo su “marching band” completa, sus bellísimas bastoneras y estupendas directoras de su porra y la actuación de éstas en el medio tiempo llevó al delirio a la inmensa multitud que esa noche atiborró totalmente las tribunas del Parque España.

Con decirles que esa influencia positiva se pudo palpar apenas un mes y cinco días después en el tradicional desfile deportivo anual del día de la Revolución, el 20 de noviembre, cuando por primera vez se presentaron en él, también bellas bastoneras, abanderadas y porristas  autóctonas.

Bien, por si fuera poco, fue en esa noche, hace ya prácticamente 53 años, cuando por primera vez, la Comunidad Politécnica ahí representada, reunida, entonó a coro nuestras tradicionales porras el ¡huélum…!, el ¡Ixtlixochitl..!, y también cantamos nuestro himno deportivo, para animar a quienes nos estaban representando entonces con tanta dignidad en el emparrillado. Por eso decimos que fue aquella noche politécnica histórica. ¡Qué dicha tan grande …, haber estado ahí…, y estar todavía vivo.

Con vista al importantísimo juego internacional, los preparativos adecuados de parte de la Comunidad Politécnica se hicieron con el mayor entusiasmo, desde un par de meses antes, digamos: agosto de ese año del ’37, y es en uno de esos días cuando surge la figura luminosa del entonces joven estudiante de la Escuela Superior de Comercio y Administración (la ESCA, la decana de las Escuelas que integraron el IPN en el ’36), que se llamó Víctor Chambón Burgoa, quien respondía al apodo cariñoso de “El Rapaz” (nunca supe por qué), jugaba estupendamente la posición de quarterback, era un magnífico estudiante, llegaba siempre a la ESCA (Ciudadela) en bicicleta, tenía un talento fuera de serie, pero sobre todo tenía un carisma de simpatía, y un “feeling”, una sensibilidad espiritual aunque incipiente pero ya francamente Institucional, y motivado por la proximidad de aquel trascendental juego internacional, concibe y acuña, no sólo para la posteridad, sino para la eternidad Politécnica, la porra del ¡Huélum…!

Víctor Chambón desapareció físicamente, apenas va a tener tres años, el lunes 7 de diciembre de 1987, fue de los fundadores en 1935-1936 de nuestro glorioso primer equipo de Mayor, cuando atendió al efecto el llamado que le hizo el C.P. y Dr. en C.A. Octavio Gómez Haro Samaniego, “El Padre del Football Americano del IPN”; platicando alguna vez con “El Rapaz” Chambón poco antes de su partida final, y habiéndole preguntado que de dónde había sacado eso del ¡Huélum..!, me contestó que para ello se había basado o inspirado en el grito colectivo de ¡Huelga…! ¡Huelga…! que se entonaba por entonces para juntarse los jóvenes estudiantes con motivo de aquellos movimientos masivos de esos tiempos.

Por aquellos mismos días de agosto de 1937, y con idéntica motivación por el referido histórico juego internacional, mi añorado primo hermano el Ing. Felipe Camelo Gurría, egresado del Instituto Técnico Industrial (ITI legendario del Casco de Santo Tomás), hijo de mi tío paterno inolvidable, el profesor Flavio Felipe Camelo Camacho, entonces Prefecto Superior del ITI y después Subdirector de la PREVO 5, junto con el ilustre Ing. Rafael Espinosa y Grande como Director, siendo ya entonces el ITI llamado Voca 1, mi  primo, con la misma inspiración referida, concibió y acuñó la porra Institucional “Ixtlixochitl”, la que tenía la particularidad que se gritaba “por seguidillas” (máximo tres, cualquier exceso era exponerse uno al infarto al miocardio), porra ésta que también se estrenó en la misma noche de referencia, en el Parque España.

No porque no se las sepan, sino simplemente, para que queden como constancias históricas escritas indeleblemente para la eternidad, aquí dejamos consignadas expresamente las letras de ambas porras Institucionales referidas:

¡Huélum…!

¡Huélum…!, ¡Huélum…!
¡Gloria !,
¡a la cachi cachi porra,
a la cachi cachi porra!
¡pin pon porra!,
¡pin pon porra! ,
¡Politécnico!, ¡Politécnico!
¡Gloria!

Recordemos que en 1952 el genial músico Dámaso Pérez Prado,”El Rey del Mambo, compuso el también ya tradicional “Mambo del Politécnico”, inspirado en la porra ¡Huélum …! El IPN quedó en deuda con el inolvidable “Cara de Foca”.

Ixtlixochitl

¡Ixtlixochitl, Reina Xochitl,
Moctezuma Ilhuicamina,
Cacama!
¡Politécnico, Politécnico!
¡ra,ra,ra…!

Ahora vamos con nuestro Himno Deportivo. Por aquellos repetidos días (agosto del ’37), el mismo inspirado Víctor Chambón ideó y consagró para tal himno, la letra que le puso en español al cadencioso tercer tiempo de la bellísima marcha americana “Anchors Aweigh” (“Leven Anclas”), el que también se estrenó públicamente la referida gloriosa noche en el  Parque España.

Esa marcha  estadounidense fue compuesta musicalmente en 1906 por el Tte. Charles A. Zimmermann, quien era entonces el Director de la Banda de Música Militar (marching band”) de la Academia Naval de Anápolis, en Maryland E.U.A., sede del equipo colegial Navy, y fue estrenada en público por primera vez, en el medio tiempo del juego anual Army vs Navy, el gran Clásico de Clásicos, celebrado el sábado 30 de noviembre de 1907, tradicional cerrojazo anual a la temporada colegial.

Véase, pues, que el origen de esta marcha es estrictamente deportivo, futbolero, sin nada de belicismo. Ahora que la Marina de Guerra de los E.U.A., años después, haya adoptado esa misma marcha como su himno militar, pues de eso  no tuvo la culpa Víctor Chambón ni nadie. Lo cierto es que para bien, y para rabia de los “yankófobos”, así quedaron hermanados para la eternidad el IPN y nada menos que la Marina de Guerra de los E.U.A., con todo y sus famosos “marines” su Infantería de Marína (Over There”), etc., y sí nunca hemos sabido sacarle raja a esta situación, esto tampoco es culpa de “el Rapaz” Chambón.

Dejaremos también constancia escrita de la letra de las estrofas que concibió Víctor Chambón en 1937. para el Himno Deportivo del IPN, con la música, como dijimos, del tercer tiempo de la marcha norteamericana referida “Leven Anclas”.

Himno Deportivo del IPN

¡Sirvan cerveza, sirvan mezcal,
que el Politécnico
esta tarde
en el estadio triunfará! 
 
Contentos vamos ya
a competir,
llenos de fibra y entusiasmo
a ganar, aquí llegó
El  Politécnico,
será campeón
y sus colores Guinda y Blanco
brillarán con esplendor…!
¡  Hey…, hey…, hey…!

La primitiva orquestación del caso la hizo el ex alumno del ITI Evaristo Tafoya, quien entonces tenía su orquesta llamada “Los Bohemios de Tafoya”, y tocaban de planta en el antiguo salón de baile llamado “El 13”, que estaba al fondo de la Plaza de las Vizcaínas, en el sitio donde después existió el célebre Teatro “Apolo” y hoy es el teatro “Vizcaínas”.

Desde dos o tres semanas antes de la fecha del susodicho e importantísimo juego internacional de football americano, el ITI (ya Voca 1), destacó brigadas de entusiastas jóvenes estudiantes a que fueran a las seis Escuelas Técnicas para mujeres, fundadoras del IPN en 1936, y ya mixtas a partir de 1937, a enseñar a las jóvenes alumnas aquellas nuevas porras y el dicho Himno Deportivo. A mi mencionado primo hermano Felipe Camelo Gurría le tocó ir al efecto, a la famosa Escuela Comercial “Miguel Lerdo de Tejada” para señoritas, que estaba ubicada en Carmen Num. 4 esquina con República de Guatemala, en donde realizó una estupenda motivación. Entre las estudiantes de entonces se encontraban la hoy mi esposa Carmen Santarelli, Lupita Torres Vivanco, Ligia Cervera, Maria Esther Téllez Girón, la no menos bella Chabelita Domínguez Canabal, hermana de  los tabasqueños politécnicos Agapito, Romeo, Luis Felipe “Pipo” y Armando “El Coño” de los mismos apellidos ,etc.

Terminamos con una evocación a mi manera sensiblera: Cierro los ojos y en alas de la imaginación vuelo regresando a aquel pasado ya remoto, y ya estoy en aquel lejano viernes 15 de octubre de 1937 en el viejo Parque España. Son las 8.00 de la noche, las tribunas están pletóricas de un público joven y sano (en aquel entonces no había drogadicción). No cabe ya ni un alfiler. La gente, ansiosa, derribó puertas, bardas y alambradas. Se distinguen en las tribunas por sus vestidos con sus faldas color guinda y sus blusas blancas los numerosos grupos de jóvenes y bellas alumnas de las Escuelas Técnicas: Lerdo, del Carmen, la ETIC de Tacubaya, la Corregidora de la colonia Guerrero, la Mistral de Peralvillo, de Trabajadoras Sociales de Pino Suárez, y de Enseñanza Doméstica, de Tepito . La iluminación es feérica.

De pronto, salta al emparrillado nuestro glorioso equipo Mayor luciendo ya en sus uniformes los colores Guinda y Blanco. Al frente vienen dos jóvenes: el jarocho Pascual “Aracuán” Pérez Candela, nuestro primer “cheerleader” en la historia, anterior a  Francisco “ciego” Ortiz Mendoza (Directores de nuestra Porra), y mi primo hermano Felipe Camelo Gurría; vienen jalando a una burra (no burro), de pelambre parda (no blanca), y cuando les digo que aquella burra era parda, es porque literalmente tuve los pelos en la mano; la burra se llamaba Poli I, nuestra primera mascota. (El primer Burro Blanco lo trajo a Santo Tomás “Tony” Camalich hasta febrero de 1938, y fue  el Poli II, a raíz de la muerte de Poli I). Toda esta historia de los Burros será motivo de un relato aparte. De pronto, la Burra Poli I, que debutaba en público, impresionada por la multitud, la algarabía, las luces de los reflectores, y ante el estupor general sufre un desmayo, cae por tierra exánime y se le atiende convenientemente, dentro de las circunstancias. El juego ya va a comenzar.  Todos los corazones laten aceleradamente. De repente, se adelantan hacia las tribunas los dos jóvenes mencionados:

“El Aracuán” Pérez Candela y mi primo hermano Felipe Camelo Gurría, sus figuras parecen agigantarse hasta alcanzar la luna, y nos convocan a lanzar al unísono EL PRIMER GRITO COLECTIVO Y PUBLICO DEL ¡HUEEELUM…! ¡EN LA HISTORIA…! Abajo, en el emparrillado, se da el kick off inicial.

Comienza a oírse el crujido del choque de los protectores de cuero comprimido de los contendientes (todavía no se inventaba el plástico…).

Fue aquella una noche politécnica mágica.

Vuelvo en mí, despierto de aquel sueño. Las lágrimas mojan mis mejillas. Retorno a la realidad actual, y simplemente me pregunto a solas:

Pero, ¿qué diablos estoy haciendo yo aquí todavía en este planeta…?

 

Orgullo Guinda
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